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Prostitutas cee feministas prostitutas

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También planteaba que la mujer "nació siempre purísima y angelical, y fue desviada de sus instintos naturales que la llevan a la maternidad y al cuidado de la prole, por la sensualidad y la ignorancia". Las palabras de Lanteri alborotaron el cónclave. Si bien logró el apoyo de la mayoría, se oyeron algunas voces de disenso. Había que definir si se aceptaba o no su propuesta: Es preciso condenar enérgicamente este mal" , respondieron varias congresales casi al unísono.

La votación fue 32 a 14 a favor de la condena. El feminismo en Argentina, al igual que en todo el mundo, arrastra hasta el día de hoy un debate irresuelto que divide al movimiento: Existen al menos cuatro modelos normativos en discusión, dentro del feminismo y fuera de él: Al interior del feminismo, la cuestión genera fuertes tensiones.

Consideran a la prostitución un trabajo y, como tal, exigen que sea alcanzado por la legislación laboral, con derechos y obligaciones para quienes lo ejercen. Infobae dialogó con dos de sus referentes. Es una activista por los derechos de las mujeres, en especial, de las prostitutas.

María Riot su nombre real es Florencia tiene 25 años. Es vegana, animalista, actriz porno y trabajadora sexual desde los Georgina trabaja en la calle, María no. Georgina se inició primero en el trabajo sexual y luego en el feminismo.

Tienen muy en claro lo que son y lo dicen con orgullo: La necesidad de conseguir una remuneración económica y mejorar así nuestra calidad de vida. Si se piensa que el trabajo sexual no puede ser reconocido como trabajo porque se llega por una necesidad, y que por eso hay que abolirlo, entonces hay que abolir el sistema.

Una opta dentro de las pocas posibilidades que tiene. En mi caso, ser niñera no me gustó porque no tengo paciencia con los chicos. Como empleada administrativa me sentí super explotada, muy mal paga.

A los 21 años me costaba mucho conseguir empleo o los sueldos eran muy bajos, siempre en negro. Soy de General Rodríguez y nunca podía alquilar en Capital, me costaba mucho estudiar y trabajar a la vez. Viajaba muchísimo y mal. Tampoco tenía la posibilidad de que mis padres me paguen un departamento, como le ocurría a algunas compañeras.

Busqué otra salida para mi vida y el trabajo sexual no era algo que veía de mala manera sino todo lo contrario. Las abolicionistas dicen que hay un abuso de poder del cliente hacia nosotras. No nos gusta que nos pongan en ese lugar de mujeres tontas, que no sabemos decidir qué precio ponerle a nuestra sexualidad y que el hombre viene y hace lo que quiere.

Los límites los ponemos nosotras. Obviamente hay situaciones de violencia que como movimiento de trabajadoras sexuales estamos reflejando todo el tiempo. Pero a la inversa de lo que el abolicionismo plantea sobre la prostitución como violencia hacia nuestros cuerpos, para nosotras la violencia que sufrimos viene de parte del Estado.

Para el abolicionismo, toda transacción de dinero por sexo es violenta. Solo se puede vivir la prostitución como víctima. Entonces cuando aparecemos nosotras como trabajadoras sexuales que decidimos serlo y exigimos derechos, buscan invisibilizar nuestras voces. Todas tienen que ser escuchadas.

El Estado argentino entiende que todo es trata, desligitimando nuestros testimonios, creyendo que es producto de un discurso que nos dijo nuestro patrón que tenemos que decir para cuidar su negocio. Nos redujeron como mujeres no pensantes, que somos inducidas por terceros a decir lo que tenemos que decir.

Hoy por hoy no hay una diferencia entre trata, explotación laboral y trabajo sexual autónomo. Nadie pregunta si la trabajadora quiere estar ahí o no.

Se nos pone a todas en la misma bolsa, y así no se puede ayudar a quienes no quieren hacerlo. Nosotras pedimos que caso por caso se vea resuelto. Que se le puedan dar oportunidades laborales reales a esas mujeres.

Pero las complejidades que hay en esta actividad quedan simplificadas en abolir o penalizar al cliente. Reconocemos que hay cierta desigualdad, no en la prostitución sino en el sistema en el que vivimos. Pero se sigue adjudicando todos los problemas sociales, culturales o económicos a la prostitución.

Podríamos decir lo mismo de la empleada doméstica, una mujer pobre que limpia la casa de alguien rico, muchas veces en malas condiciones. Ahí se pidieron derechos laborales. Las pocas mujeres que toman servicio de trabajadores sexuales lo hacen con mucha culpa.

Eso reproduce los mandatos culturales que indican que cuando la mujer siente placer siempre tiene que sentir humillación. El sexo es algo que el hombre tiene ganado para su territorio y la mujer simplemente tiene que ceder y dar placer.

El hombre parece estar obligado a reforzar su sexualidad: Esa visión moral de la sexualidad hace que mucha gente se reconozca como abolicionista apelando al "asco". El asco no es un sentimiento legítimo para decir si un trabajo debe ser reconocido como tal o no. Claramente con algunas cosas se generan diferencias. Creo que hay que traer al feminismo las voces de las verdaderas protagonistas. Hay otras feministas que hablan de prostitución y nunca se comieron un día en cana, no saben lo que es el estigma de ser puta.

Eso de decir 'esta no puede hablar pobrecita, entonces yo hablo por ellas', es una actitud paternalista, maternalista. Cuando caímos por primera vez al Encuentro de Mujeres, como lo hacen otros sindicatos, lo primero que nos dijeron es: Nos hacían un juicio de valores.

De ahí deriva la fórmula sindical autogestionada adoptada por el STRASS que, en su lucha por el reconocimiento del trabajo sexual, pretende defender los intereses colectivos, profesionales y morales de las trabajadoras y trabajadores.

En el centro del saber militante desplegado por el sindicato, se encuentran un enfoque de afirmación minoritaria p.

Así mismo, describe las etapas de cómo se impuso en Francia durante el siglo XX una corriente abolicionista que convenció a una parte de la izquierda y del movimiento feminista, que ha pasado de la lucha por la abolición de la reglamentación de la prostitución, a la abolición de la propia prostitución. Finalmente, la genealogía del STRASS se traza tomando como referencia el activismo de las prostitutas desarrollado a partir de los años 70 del siglo XX y la renovación de un movimiento de prostitutas a comienzos de los años 90 bajo el efecto de la lucha contra el sida llevada por las asociaciones de salud comunitaria y el medio asociativo homosexual, que daban preferencia a no hacer juicios de valor, a la seguridad de las minorías fragilizadas y a la autodeterminación en materia de salud sexual.

La irrupción en las aceras de las grandes ciudades francesas a finales de la década de de trabajadoras y trabajadores sin papeles, consideradas víctimas de la trata, favoreció la recriminalización de la prostitución y la adhesión del campo político al proyecto abolicionista de la erradicación de la explotación de la prostitución ajena.

Para Thierry Schaffauser, no se trata de negar la explotación que puede provocar la prostitución, sino de reconsiderar el trabajo forzado al que a menudo se le asocia de las trabajadoras y trabajadores del sexo sin papeles: Les luttes des putes ofrece una perspectiva general de otro pensamiento de emancipación, feminista, anticapitalista y sindicalista. Es el momento de continuar la reflexión emprendida por la obra: Femmes, Genre, Histoire , , n o 32, p.

Sobre la cuestión del trabajo explotador, ver así mismo las nuevas perspectivas propuestas por Denise Brennan, Life Interrupted. Pensar la dominación El plan de la obra explica a través de un tríptico los retos para llevar adelante este combate. Thierry Schaffauser la cita: Homenatge a Víctor Serge Dijous, 17 de Maig de Martinez, Yamila Prosdocimo, Carme Sansa. América Latina - El ciclo dependiente cuarenta años después - Claudio Katz.

Líbano - Las elecciones libanesas miradas bajo el prisma de los conflictos regionales - Nicolas Dot-Pouillard. Audio Foro viento sur - La barricada cierra la calle pero abre el camino -. Frankenstein en la Casa Blanca - Trump y el interregno global -. El mundo pudo cambiar de base. El significado de la Segunda Guerra Mundial. La economía feminista como apuesta teórica y política.

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Eso reproduce los mandatos culturales que indican que cuando la mujer siente placer siempre tiene que sentir humillación. Todas tienen que ser escuchadas. El mejor mochilero del mundo es marplatense y confiesa: Clyde Plumauzille comenta las aportaciones de esta propuesta. Es decir, nadie puede abiertamente avalar ese delito aberrante.

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Pero las complejidades que hay en esta actividad quedan simplificadas en abolir o penalizar al cliente. Reconocemos que hay cierta desigualdad, no en la prostitución sino en el sistema en el que vivimos. Pero se sigue adjudicando todos los problemas sociales, culturales o económicos a la prostitución. Podríamos decir lo mismo de la empleada doméstica, una mujer pobre que limpia la casa de alguien rico, muchas veces en malas condiciones.

Ahí se pidieron derechos laborales. Las pocas mujeres que toman servicio de trabajadores sexuales lo hacen con mucha culpa. Eso reproduce los mandatos culturales que indican que cuando la mujer siente placer siempre tiene que sentir humillación. El sexo es algo que el hombre tiene ganado para su territorio y la mujer simplemente tiene que ceder y dar placer.

El hombre parece estar obligado a reforzar su sexualidad: Esa visión moral de la sexualidad hace que mucha gente se reconozca como abolicionista apelando al "asco". El asco no es un sentimiento legítimo para decir si un trabajo debe ser reconocido como tal o no. Claramente con algunas cosas se generan diferencias.

Creo que hay que traer al feminismo las voces de las verdaderas protagonistas. Hay otras feministas que hablan de prostitución y nunca se comieron un día en cana, no saben lo que es el estigma de ser puta.

Eso de decir 'esta no puede hablar pobrecita, entonces yo hablo por ellas', es una actitud paternalista, maternalista. Cuando caímos por primera vez al Encuentro de Mujeres, como lo hacen otros sindicatos, lo primero que nos dijeron es: Nos hacían un juicio de valores.

Nuestro trabajo no es indigno, indignas son las condiciones en las que trabajamos, como muchos otros sectores. Yo creo que, hoy por hoy, ser abolicionista es estar a favor de que la policía persiga a todas las mujeres que quieren ejercer el trabajo sexual bajo cualquier modalidad. Es decir, nadie puede abiertamente avalar ese delito aberrante. Tanto Georgina como yo podemos ser consideradas víctimas de trata. De hacho, muchas veces quedan registradas compañeras como víctimas rescatadas cuando en realidad eran trabajadoras autónomas trabajando en un departamento que la policía allanó.

La abolición nunca va a suceder. Las trabajadoras sexuales también queremos que la trata de personas no exista. Ni que se le tenga que entregar parte de las ganancias a un tercero.

Es decir, estaban decidiendo sobre nosotras, pero sin nosotras. Durante mucho tiempo estuvimos dando vueltas en ese discurso de que las trabajadoras sexuales tenemos que combatir la trata. Pero es como mucho ya, porque tenemos que luchar por nuestras condiciones laborales y también contra la trata. Sin clientes no hay plata ríen. La verdad que eso fue toda una política de comunicación del anterior gobierno de intentar generar conciencia, que algunos sectores lo utilizaron para intentar penalizar al cliente de prostitución.

Nosotras nos reunimos con ellos para decirles que era sumamente discriminatorio, que le estaban trabajando la culpa a los hombres con esos spots. Los metían entre pausa y pausa en el medio de un mundial. Fue una jugada inteligente. Hay trata de personas en los talleres textiles y en los campos, donde trabajan pibes de seis años. La trata de personas existe porque hay una complicidad política, policial y judicial.

Muchas veces las abolicionistas difunden estudios en los que se afirma que bajó el trabajo sexual. Lo que hizo el gobierno es limpiar las calles. Muchas llegan diciendo "me quedé sin lugar de trabajo.

Hoy, en , hay mujeres que van presas de uno a 60 días por ejercer en la calle. El trabajo sexual no es delito en Argentina, pero tampoco hay condiciones para realizarlo. También creció la organización porque hoy por hoy hay otros medios donde las trabajadoras sexuales cuentan sus experiencias, algo que en el no existía. A nosotras nos escriben desde todo el país contando sus experiencias. Hay una necesidad imperiosa de contar para romper un poco el cerco del discurso abolicionista que predominó durante mucho tiempo en este país, y que hizo que mucha gente eligiera taparse, esconder su verdadera actividad.

Hay familias que lo aceptan y otras que no. Hay todo un estigma. El autónomo, en todas las modalidades que las mujeres decidan. De todas maneras, también es necesario revisar la legislación de cada provincia. Hoy en 12 de ellas tenemos prohibidos los cabarets. Share on Google Plus. Domingo 27 de Mayo de El mejor mochilero del mundo es marplatense y confiesa: Diez datos desconocidos sobre Francesc Orella, el intérprete de "Merlí".

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Lo mismo sucede con la heterosexualidad normativa. De esta manera, el trabajo sexual puede ser un espacio de toma de conciencia del modelo androcéntrico de la vida sexual y permite deshacer los juegos de seducción obligatoria para redefinir su relación con el deseo y los placeres. De ahí deriva la fórmula sindical autogestionada adoptada por el STRASS que, en su lucha por el reconocimiento del trabajo sexual, pretende defender los intereses colectivos, profesionales y morales de las trabajadoras y trabajadores.

En el centro del saber militante desplegado por el sindicato, se encuentran un enfoque de afirmación minoritaria p. Así mismo, describe las etapas de cómo se impuso en Francia durante el siglo XX una corriente abolicionista que convenció a una parte de la izquierda y del movimiento feminista, que ha pasado de la lucha por la abolición de la reglamentación de la prostitución, a la abolición de la propia prostitución. Finalmente, la genealogía del STRASS se traza tomando como referencia el activismo de las prostitutas desarrollado a partir de los años 70 del siglo XX y la renovación de un movimiento de prostitutas a comienzos de los años 90 bajo el efecto de la lucha contra el sida llevada por las asociaciones de salud comunitaria y el medio asociativo homosexual, que daban preferencia a no hacer juicios de valor, a la seguridad de las minorías fragilizadas y a la autodeterminación en materia de salud sexual.

La irrupción en las aceras de las grandes ciudades francesas a finales de la década de de trabajadoras y trabajadores sin papeles, consideradas víctimas de la trata, favoreció la recriminalización de la prostitución y la adhesión del campo político al proyecto abolicionista de la erradicación de la explotación de la prostitución ajena.

Para Thierry Schaffauser, no se trata de negar la explotación que puede provocar la prostitución, sino de reconsiderar el trabajo forzado al que a menudo se le asocia de las trabajadoras y trabajadores del sexo sin papeles: Les luttes des putes ofrece una perspectiva general de otro pensamiento de emancipación, feminista, anticapitalista y sindicalista. Es el momento de continuar la reflexión emprendida por la obra: Femmes, Genre, Histoire , , n o 32, p.

Sobre la cuestión del trabajo explotador, ver así mismo las nuevas perspectivas propuestas por Denise Brennan, Life Interrupted.

Pensar la dominación El plan de la obra explica a través de un tríptico los retos para llevar adelante este combate. Thierry Schaffauser la cita: Homenatge a Víctor Serge Dijous, 17 de Maig de Martinez, Yamila Prosdocimo, Carme Sansa. América Latina - El ciclo dependiente cuarenta años después - Claudio Katz. Líbano - Las elecciones libanesas miradas bajo el prisma de los conflictos regionales - Nicolas Dot-Pouillard.

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